Leonel Rugama Rugama

En Estelí, en 1949, en medio de condiciones proletarias que van a sellar una trayectoria hasta el final de su vida, de padre carpintero y madre maestra, nace Leonel Rugama Rugama. Esa condición de pobreza y su manera de enfrentarse a las dificultades diarias, marcaron su personalidad revolucionaria y su actitud poética. Por eso la ironía fue una de sus primeras armas de combate, tanto en sentido crítico como en un excelente sentido del humor ante múltiples situaciones, como que la ironía o la sátira cumplían en él una función defensiva.

Su excepcional inteligencia, su admirable capacidad para el trabajo, su inestimable don de poeta, su extraña pasión por las matemáticas y su abnegada entrega a las tareas revolucionarias, hicieron posible que Leonel Rugama se destacara entre todos sus compañeros de estudio. No es, pues, una casualidad que él haya obtenido en un test de inteligencia, el coeficiente intelectual más alto entre todos los estudiantes del Año de Estudios Generales de la UNAN en 1969. Y Leonel puso toda su inteligencia, todas sus capacidades, toda su juventud al servicio de la Revolución Popular Sandinista.

En 1967 Leonel Rugama inicia una militancia luminosa, ejemplar, comienza a pulir su voluntad con delectación revolucionaria. Cuando el FSLN estaba limitado en el trabajo de masas, él es un organizador, él es un cuadro operativo, un contacto, sirve de buzón para la montaña y esas tareas las realiza, nuevamente, en apoyo al trabajo que entonces se levantaba en Zinica. Sus nexos son con José Benito Escobar, con Enrique Lorente, con el Comandante Víctor Tirado. Después vendrá la Universidad, la vida clandestina en la ciudad, «las catacumbas», como él diría.

Ingresó a la Universidad en 1969, en el núcleo de León, donde trabajó en la reorganización y consolidación del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), en el que participa como miembro del Comité Ejecutivo. Se matricula en la Universidad con el nombre de Francisco y con ese nombre fue conocido durante todo el tiempo que permaneció en los círculos universitarios. Leonel ha dejado atrás sus años de seminarista, y, la actividad revolucionaria le impone una nueva tarea: la organización y la agitación. Este período, en la vida revolucionaria de Leonel, coincide con la consolidación del FER dentro del movimiento estudiantil, en ese tiempo, el FER asume de manera incuestionable la conducción de los estudiantes y se convierte en la organización que representa los legítimos intereses de los estudiantes ante los órganos de gobierno de la Universidad. Esos son los años de dirigente estudiantil del Comandante Edgard Munguía Álvarez.

AHORA VAMOS A VIVIR COMO LOS SANTOS

Leonel Rugama tenía un alto sentido del compromiso político y de la vergüenza revolucionaria, al punto que sus compañeros lo consideraban algo así como a un místico. Quizá sirva para ilustrar esa actitud de Leonel la siguiente anécdota: en una ocasión, un compañero le pidió diez córdobas para ir a una fiesta al Club Universitario, Leonel le respondió: “diez córdobas vale una caja de tiros 22”.

A Leonel se le atribuye el hecho de ser el primero en usar el cognomento de santo para calificar a un revolucionario y es que, a él le interesaba destacar ante el pueblo una característica -que el pueblo reconoce y que se manifiesta en el respeto por un hombre que se entrega, hasta el sacrificio, a un ideal- la del hombre abnegado, la del hombre puro, la del hombre que deja todo por un ideal, la de un revolucionario, la del que es capaz de reunir cualidades como la nobleza, la entrega, la dedicación, el trabajo.

Para cumplir con su plan de ser como los santos, Leonel se había impuesto un paradigma, un ejemplo, el del Comandante Che Guevara. Su meta fue siempre ser como el Ché y esto lo inculcaba a los estudiantes en las asambleas, en las manifestaciones. Apenas en 1967, en Higueras del Río, había sido inmolado el Guerrillero Heroico, cuyo ejemplo luminoso habría de calar muy hondo en la juventud latinoamericana y, por supuesto, en la militancia sandinista.

Así, Leonel decía, con Ricardo Morales Aviléz:

«Ché, Comandante,

nosotros somos el camino

y vos el caminante».

Y esa manera de entender al Ché, como el internacionalista que fue, ligado a toda la Historia de nuestra América, Leonel la expresa con una maestría pocas veces vista en nuestra literatura en su poema, EL LIBRO DE LA HISTORIA DEL CHE, en el que, retomando los elementos formales de la Biblia, logra con impecable economía de elementos, armar el árbol genealógico de los revolucionarios latinoamericanos.

YO LES QUERIA PLATICAR QUE AHORA VIVO EN LAS CATACUMBAS

Trabajando en León para el FER, Leonel mantenía dos tipos de contacto con el FSLN, el contacto propio del FER y un contacto clandestino, compartimentado, a nivel de barrios y de trabajos operativos. En Managua, su contacto era, en las Delicias del Volga, el Comandante Julio Buitrago. Así que era un hombre del Frente Sandinista trabajando en la Universidad; en contacto con los responsables nacionales, en 1968 con Ricardo Morales Aviléz trabajando en las estructuras orgánicas de la ciudad.

Entonces, Leonel Rugama, en las catacumbas, como él llamaba a la clandestinidad, además de imitar a los santos «que han muerto matando el hambre», escribía los más hermosos poemas revolucionarios que se hayan escrito en este país. Porque los poemas de Rugama, eran el resultado de una práctica diaria, en los que lograba combinar una carga de praxis con una impecable expresión formal. En ese sentido, los poemas suyos están dotados de un peso específico jamás logrado por ningún poeta en nuestro medio.

Esos poemas que Leonel publicaba en TALLER, revista de los estudiantes de la UNAN y en LA PRENSA LITERARIA, los publicaba con su propio nombre, de modo que Leonel Rugama era conocido ya como poeta. Pero él con humildad decía que no eran suyos sino de un hermano suyo. Era su forma de cubrir su pseudónimo de Francisco, que era como lo conocían los estudiantes de la Universidad. No obstante, Leonel participaba en recitales de poesía y olvidaba su pseudónimo diciendo que participaba para dar a conocer a la gente los poemas de su hermano.

Cinco meses duró la vida legal de Leonel en León, luego vino la clandestinidad. En esa época, la vida del FSLN era realmente difícil, se vivía casi enclaustrado en una casa, se hacía algún tipo de contacto conspirativo, no se poseían estructuras de masas en qué apoyarse. El trabajo era difícil. La clandestinidad era una cosa muy pesada, dirá un militante de aquellos años sumamente peligrosa. No había estructuras de apoyo. A veces se contaba con un vehículo, muchas veces con ninguno. Había que moverse en taxi o en bus. Pero todas esas limitaciones se revertían en militantes de calidad, dispuestos a enfrentar lo que viniera, incluso la muerte, que era lo único seguro en esa época. En esas circunstancias transcurrió la vida clandestina de Leonel Rugama.

NUNCA CONTESTO NADIE PORQUE LOS HEROES NO DIJERON QUE MORIAN POR LA PATRIA, SINO QUE MURIERON

El 15 de Julio de 1969 el Frente Sandinista respondía, en combate desigual, a la guardia somocista. En las Delicias del Volga, Julio Buitrago enfrentaba, solo, a más de 300 efectivos de la GN: “es el único que nació en el mundo / superando a Leónidas / a Leónidas el de las Termópilas». En el barrio Santo Domingo, ese mismo día, morían combatiendo Marco Antonio Rivera, Aníbal Castrillo y Alesio Blandón. Estos acontecimientos hicieron gran impacto en la vida de Leonel Rugama. En lo poético le inspiró uno de sus más caracterizados poemas, el que dedica a los héroes de ese 15 de Julio y que habría de titular, sugerentemente, “COMO LOS SANTOS”. En lo político, tuvo una participación muy destacada en Estelí, de donde era originario Alesio Blandón.

EI FER organizó en Estelí el 16 de Julio de 1969 una protesta, exigiendo el cadáver de Alesio Blandón y se llevó a cabo un entierro simbólico. En esa movilización, los estudiantes desarmados, se enfrentaron a la guardia genocida, la que ya había disparado matando a Manuel Herrera y René Barrantes, dos compañeros universitarios. Leonel portaba cocteles molotov y los tiró a la guardia y se formó una cortina de fuego entre los estudiantes y los esbirros; los estudiantes hicieron retroceder a la guardia y así, evitaron una masacre. Es ésta una de las primeras escaramuzas urbanas en que las masas obligan a la guardia somocista a retirarse.

A partir de entonces se fueron encadenando coyunturas muy específicas que generaron un auge en la movilización de las masas. En todo el país se protesta por las brutales torturas infligidas a la militante sandinista Doris Tijerino. La Huelga de los Maestros llega a significar un extraordinario repunte en la actividad política de las masas. Y en todo esto, la presencia de Leonel se hace sentir. En el plano militar él está presente como responsable en la recuperación económica que el FSLN realiza en la sucursal del BANIC en León, el 4 de noviembre de 1969; este operativo se llevó a cabo en coordinación con el secuestro aéreo realizado por Pedro Aráuz Palacios y Juan José Quezada, para conmemorar el segundo aniversario de la caída de los compañeros Casimiro Sotelo, Hugo Medina, Roberto Amaya y Edmundo Pérez. Este es el bautizo de fuego de Leonel Rugama ya en su vida clandestina, con él participan en la acción del BANIC los héroes Carlos Agüero, Roger Núñez y Enrique Lorente.

Después participaría en acciones de recuperación a la licorera Santa Cecilia y seis días antes de su muerte, el 9 de Enero de 1970, Leonel Rugama participa en el asalto a la Sucursal Boer del Banco Nicaragüense. En todas las acciones en que participa, lo hace con frialdad y arrojo militante.

¡QUE SE RINDA TU MADRE!

«Nosotros comentábamos en una ocasión que siempre la posibilidad de la muerte produce algún tipo de reacción. Algunos compañeros se asustan, otros se ponen tensos, a otros les da miedo y otros la ven normal. Hicimos este comentario”, dice René Núñez, casualmente cuando murió Rugama, porque él hablaba de la muerte como una consecuencia de la vida, como una cosa más en la vida. Y cuando él murió, el único rostro o tal vez el más sereno, era el de él». Y Rugama cumplió una tarea más el 15 de Enero de 1970, la tarea de ese día fue enfrentarse a la muerte. Y la enfrentó con decisión, con alegría, con espíritu revolucionario.

Las versiones sobre cómo la guardia descubrió la casa donde se encontraban Leonel, Mauricio Hernández y Roger Núñez son muy disímiles. Lo cierto es que llegó una patrulla de la Guardia Nacional, los esbirros se bajaron intempestivamente y en el acto, se introdujeron a la casa. La señora que cuidaba la vivienda gritó: “¡Muchachos, la guardia!” Ellos salieron disparando y enseguida murió un teniente de la G.N. de apellido Navarrete. La situación en la que se encontraban era de total desventaja, inmediatamente se hicieron presente 200 guardias, quienes los rodearon con tanquetas mientras los sobrevolaban aviones que desde lo alto disparaban contra los sandinistas. El jefe de la Seguridad de Somoza, el conocido delincuente Samuel Genie, gritaba con un megáfono a los héroes para que se rindieran, Leonel le respondió: ¡QUE SE RINDA TU MADRE!

Esa respuesta sólo pudo haberla dado un hombre como Leonel Rugama, quien ya herido seguía disparando. Porque él, que provenía de los sectores populares, había interpretado con gran profundidad, no únicamente el acento del pueblo, sino su forma de responder a las situaciones más difíciles. Para Leonel Rugama, las dificultades de la vida eran su pan de cada día, de ahí su manera de encontrar la respuesta adecuada a los momentos que le tocaría enfrentar hasta el día de su muerte.

Su muerte tuvo un gran impacto en los círculos intelectuales del país. Obligó a la reflexión a buen número de poetas que, hasta entonces, habían permanecido sumidos en el conformismo pequeñoburgués. Leonel dejaba tras de sí uno de los más altos testimonios, con su vida sellaba el precio de lo que hablaban sus poemas. Sus poemas habrían de pasmar a quienes con cálculo publicitario manejaban el tema revolucionario en la poesía. El poeta-héroe Leonel Rugama, a los 21 años, escribió una de las páginas más hermosas de la historia y la literatura nicaragüense, página que luego llevaría a su exelsitud, Ricardo Morales Aviléz.